A todos nos gustaría tener ideas brillantes, y seguramente muchos de nosotros las tenemos en algún aspecto de nuestras vidas. Pero en los negocios es pertinente hacerse las siguientes preguntas antes de emprender cualquier idea: ¿En que soy bueno? ¿Cómo puedo innovar? ¿Puede ser eso una buena idea? Estas sencillas preguntas se convierten en las bases solidas de nuestro emprendimiento. Dar respuesta a ellas nos ayudará a vislumbrar el inicio de un camino que busca ofrecer algo valioso para obtener algo valioso a cambio. Si queremos responder estas preguntas, sigamos estos tres pasos:
1. Definiendo tu producto: define simple y sencillamente como vas a crear beneficios, es decir, en que producto o servicio se convierte esa idea. Que productos o servicios vas a ofrecer a alguien por el cual obtendrás algo a cambio. Define la unidad de medida mínima de tu producto. Ofrecerás: Comida, un plato de comida; asesoría, una hora de asesoría; mercancía, seis unidades; etc.
2. Ubicándote: ahora, eso que estas proponiendo es totalmente nuevo o hace parte de una gama ofertas. Si es totalmente nuevo estamos ante un nuevo modelo de negocio (una innovación total) para el cual tendremos que crear y definir la cadena de valor (ver grafica 1), tal cual la conocemos de Michael Porter, es decir, la logística hacia atrás, la producción, la logística hacia delante, el mercadeo y ventas, y el servicio; o si hace parte de una gama de ofertas observemos como es el modelo de negocio de esta clase de empresas (la logística hacia atrás, la producción, la logística hacia delante, el mercadeo y el servicio; o según Canvas ¿Qué ofrezco? ¿A quién? Canal de distribución, Relaciones con los clientes, Cuánto me gano ¿cómo lo hago? Actividades claves, Red de aliados ¿Cuánto me cuesta?). Pasamos de definir únicamente el producto o el servicio, a ir más allá y mirar todo lo primario concerniente a este, tal como: Cliente, Proceso de producción, Estrategia de servicio, Distribución y Recursos (materias primas).
3. Siendo diferente o únicos de valor: en este paso debemos de tener dos cosas en cuenta: 1. Demos ser diferentes. De nada sirve salir al mercado ofreciendo y haciendo lo mismo y de la misma manera que lo están haciendo los demás. Pensemos, ¿Quién me comprará siendo nuevo y ofreciendo algo igual a los que ofrecen los demás que ya tienen un nombre y clientes en el mercado? ¿Quién? Como dice el dicho, más vale malo conocido que bueno por conocer. Si en la etapa anterior nos dimos cuenta que innovaremos, eso quiere decir que tenemos un arma, a priori, poderosa con la cual podríamos competir, por lo que tendríamos que evaluar en este paso el segundo planteamiento. Ahora bien, si hacemos parte de una gama de ofertas y ya observamos como funciona, de acuerdo a nuestro conocimiento, experiencia, personalidad y forma de hacer las cosas, tendríamos que proponer en alguna parte de ese modelo de negocio algo diferente. Un cambio, una nueva forma. Seguramente nuestra experiencia, personalidad o audacia nos guío o nos guiará a encontrar algo que podemos mejorar. Pensemos, ya sea, en que nos gustaría como clientes o desde el conocimiento profundo del producto. Podemos reflexionar sobre todo lo relacionado desde el proceso de producción hasta la entrega al cliente del producto o servicio (ver grafica 2), que en el anterior paso llamamos cadena de valor, y determinar que podemos mejorar o agregar nuevo y en que parte del proceso. Afirman Kotler y Armstrong (1998) que “para encontrar puntos de diferenciación, los responsables de marketing tienen que reflexionar sobre toda la experiencia del cliente con el producto o servicio de la empresa. Una empresa que este alerta puede encontrar formas de diferenciarse en cada uno de los puntos de contacto con el cliente. ¿de qué maneras concretas puede la empresa diferenciar su producto de la oferta de los competidores? Una empresa o un mercado pueden diferenciarse en función del producto, de sus servicios, del canal elegido, de los empleados o de la imagen”. 2. Esa diferencia debe proveer valor, debe ser valorada: Cualquier producto que se vaya a ofrecer debe primero que todo partir desde el cliente, es decir, este es hecho en base a las necesidades y deseos del cliente. El producto tiene que generarle un beneficio y este beneficio debe ser muy valorado por el cliente para que valga la pena. Una de las claves para darnos cuenta si esa diferencia es valorada o no es a través de la observación de la aptitud de los clientes con los productos actuales. Saber qué dicen, cómo se manifiestan, qué sugieren, cómo les gustaría nos brindaría señales acerca de la mejora que se podría aplicar y más aun cuando este clamor es generalizado. Aplicando métodos más formales, este paso siempre se lleva acabo a través de una investigación de mercado.
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